Comentando a Edmond Dantès

Comentando a Edmond Dantès.

Desde que en un cumpleaños mi hermana pequeña me regaló una versión francesa del clásico de Alejandro Dumas soy una enamorada de la historia de Edmond Dantès. Me impresiona cómo fue capaz ese joven de superar tantos años en el castillo de If y transformar lo que para cualquiera hubiera sido el fin de una vida en todo lo contrario: la base sobre la que edificaría toda su vida posterior aguardando con paciencia infinita el momento preciso para servir su plato frío.

Así que cuando el otro día, leyendo un periódico, vi la noticia de la nueva traducción que se ha publicado, no pude por menos que soltar un ¡anda! de sorpresa y pararme a leer. La cuestión es que el texto original de Dumas contenía numerosas incongruencias, sobre todo en relación con algunas fechas, debido probablemente a que su publicación inicial se hizo por entregas y a que, según dicen, Dumas escribía una página en quince minutos y no revisaba. Sin tocar, evidentemente, los elementos esenciales de la obra, en el año 1993 Claude Schopp llevó a cabo una versión en francés, tratando de corregir esas incoherencias que contenía el texto original. Y es sobre este texto de Schopp sobre el que se ha basado el traductor José Ramón Monreal para llevar a cabo la nueva versión en español.

¿Notas sí o notas no?

Como en todas las profesiones también en la nuestra hay puristas y pragmáticos. Es una clasificación muy simple, pero me sirve para plantear la disyuntiva que quiero lanzar. Aviso ya desde este momento que no tengo respuesta a la misma. Quien espere encontrar la solución al final del texto se va a quedar como la pareja que sale sin hijos por primera vez: que parece que le falta algo.

¿Debe llevar una traducción notas y correcciones sobre el texto original? Los más puristas dirán que no. Que la traducción consiste en plasmar un texto redactado en una lengua en otro texto en otro idioma que el lector de la obra traducida pueda comprender. Los más pragmáticos dirán que sí. Que la traducción consiste en conseguir en el lector de la obra traducida el mismo efecto (en cuestión de sentimientos, se entiende) que en el lector de la obra en versión original.

Por lo tanto, señores, la crítica, si la hubiera, no ha de ser hacia la traducción. Recordemos que esta nueva y esperada versión en español toma como texto origen una revisión hecha en francés (misma lengua del texto original por lo que no puede considerarse por definición una traducción). Es más, la versión francesa que yo he leído estaba plagada de notas aclaratorias, correcciones cronológicas y explicaciones históricas. Y vale, lo reconozco, no todas las he leído íntegramente. Pero esto que quede entre nosotros…

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